Profesora: Ochonga, Paola
Integración
Tomando la definición del diccionario,” integración” debería consistir en la acción de unir las distintas partes que conforman un todo. Desde esta perspectiva, integración puede ser leída como el proceso de incorporar física y socialmente dentro de una sociedad a las personas que están segregadas y aisladas de nosotros. Significa ser un miembro activo de la comunidad, viviendo donde otros viven, viviendo como los demás y teniendo los mismos privilegios y derechos que las personas no deficientes. Representa el medio que permite a la persona “diferente” normalizar sus experiencias en el seno de su comunidad, pero para un ideal de normalización en todos los aspectos de la vida de un sujeto no basta con ser “insertado” físicamente en un lugar común. Es imprescindible constituir una “parte integrante” de esa comunidad.
La integración en la sociedad de la persona discapacitada comienza por la integración a una de las primeras formas de sociedad, es decir, la escuela. Por eso se puede considerar la integración escolar como el inicio de un proceso más amplio de integración. La integración del alumno discapacitado ofrece al alumno no-discapacitado la posibilidad de compartir con una persona “distinta”, de manera tal de aprender a aceptar y respetar “diferencias”. El alumno discapacitado, por su parte, tiene la oportunidad de incorporarse a la comunidad escolar en condiciones semejantes a las del resto de sus compañeros. Cuando no se considera la diferencia no es posible respetar al otro, es necesario diferenciar para no discriminar. Hablar en relación a necesidades educativas especiales, es hablar de la diversidad, de trabajar en, con y para la diversidad.
Una integración educativo - escolar se refiere al proceso de enseñar juntos a niños con y sin discapacidades durante una parte o en la totalidad del tiempo desde que se inicia en el nivel de enseñanza pre-escolar. Supone un proceso gradual y dinámico que puede tomar distintas formas en relación con las necesidades y habilidades de cada alumno, es así que la integración de un niño discapacitado supone también una estrecha colaboración, entre el docente común a cargo y el especializado (maestra integrador), con el fin de adecuar los medios de enseñanza a las posibilidades del alumno integrado, guiar, orientar y realizar el seguimiento de la misma.
Se trata de que esta nueva visión de la escuela le permita en su función social y educativa, favorecer al desarrollo de todos los alumnos de acuerdo a sus características personales y las de su entorno. Es pensar y concebir una escuela donde puedan convivir alumnos con distintas capacidades e intereses, con diferentes formas de pensar y actuar, convencidos que esta diversidad enriquece fundamentalmente porque ayuda a conocer y respetar lo diferente. Es pensar en una escuela donde no se anulen las diferencias, sino que sé resignifiquen y donde el discapacitado sea mirado primero como persona y luego discapacitado, personas que tienen sus propias aptitudes, valores y capacidades.
Como personas que merecen el respeto de los demás. Son miembros de la sociedad y como tal, tienen derecho a la salud, a una educación especial o común, al trabajo, a la participación en una vida social.
Aquí se plantea la dificultad que todavía hoy existe en integración social y educativa con respecto a una población que determina su propia identidad, su propia cultura, su alternativa de comunicarse, las personas con discapacidad auditiva o conocidas generalmente como personas sordas. La sordera se considera un fenómeno único, en consecuencia las personas sordas son vistas como un colectivo unificado que comparten un mismo problema. Es así que la pérdida auditiva tiene muchas y serias consecuencias que deberían atenderse cuidadosamente. La consecuencia inmediata de la sordera es una interrupción de la comunicación, a un lenguaje oral del que se comunican sus padres y en una sociedad a la que ellos pertenecen; por lo que la función comunicativa ha de ser iniciada o reeducada desde su lengua materna “ El lenguaje de señas” al que ellos tanto defienden y continúan luchando por integrarse a esta sociedad, intentando que respeten su propia persona, su lenguaje, su manera de comunicarse, enfrentándose a las barreras que la comunicación de una comunidad mayoritaria hasta el momento les plantea.
Desde el lugar donde profesionalmente me ubico, iniciar un proceso de integración me significa un gran desafío, un principal respeto por la persona “diferente”, que en este camino no continúe vivenciando situaciones de frustración que ya tanto conocen. Creo que solo cuando podemos enfrentar situaciones difíciles con una actitud positiva, como es trabajar con la diversidad, es cuando podemos desarrollar un pensamiento divergente y creativo, donde a través de un abanico de posibilidades y de herramientas podamos favorecer que su proceso sea correspondido y mirado igual que el resto.
Bibliografía:
· Diccionario Enciclopédico Larousse
· “La integración de niños discapacitados a la educación común” – Danielle Van Steenlant
Integración
Tomando la definición del diccionario,” integración” debería consistir en la acción de unir las distintas partes que conforman un todo. Desde esta perspectiva, integración puede ser leída como el proceso de incorporar física y socialmente dentro de una sociedad a las personas que están segregadas y aisladas de nosotros. Significa ser un miembro activo de la comunidad, viviendo donde otros viven, viviendo como los demás y teniendo los mismos privilegios y derechos que las personas no deficientes. Representa el medio que permite a la persona “diferente” normalizar sus experiencias en el seno de su comunidad, pero para un ideal de normalización en todos los aspectos de la vida de un sujeto no basta con ser “insertado” físicamente en un lugar común. Es imprescindible constituir una “parte integrante” de esa comunidad.
La integración en la sociedad de la persona discapacitada comienza por la integración a una de las primeras formas de sociedad, es decir, la escuela. Por eso se puede considerar la integración escolar como el inicio de un proceso más amplio de integración. La integración del alumno discapacitado ofrece al alumno no-discapacitado la posibilidad de compartir con una persona “distinta”, de manera tal de aprender a aceptar y respetar “diferencias”. El alumno discapacitado, por su parte, tiene la oportunidad de incorporarse a la comunidad escolar en condiciones semejantes a las del resto de sus compañeros. Cuando no se considera la diferencia no es posible respetar al otro, es necesario diferenciar para no discriminar. Hablar en relación a necesidades educativas especiales, es hablar de la diversidad, de trabajar en, con y para la diversidad.
Una integración educativo - escolar se refiere al proceso de enseñar juntos a niños con y sin discapacidades durante una parte o en la totalidad del tiempo desde que se inicia en el nivel de enseñanza pre-escolar. Supone un proceso gradual y dinámico que puede tomar distintas formas en relación con las necesidades y habilidades de cada alumno, es así que la integración de un niño discapacitado supone también una estrecha colaboración, entre el docente común a cargo y el especializado (maestra integrador), con el fin de adecuar los medios de enseñanza a las posibilidades del alumno integrado, guiar, orientar y realizar el seguimiento de la misma.
Se trata de que esta nueva visión de la escuela le permita en su función social y educativa, favorecer al desarrollo de todos los alumnos de acuerdo a sus características personales y las de su entorno. Es pensar y concebir una escuela donde puedan convivir alumnos con distintas capacidades e intereses, con diferentes formas de pensar y actuar, convencidos que esta diversidad enriquece fundamentalmente porque ayuda a conocer y respetar lo diferente. Es pensar en una escuela donde no se anulen las diferencias, sino que sé resignifiquen y donde el discapacitado sea mirado primero como persona y luego discapacitado, personas que tienen sus propias aptitudes, valores y capacidades.
Como personas que merecen el respeto de los demás. Son miembros de la sociedad y como tal, tienen derecho a la salud, a una educación especial o común, al trabajo, a la participación en una vida social.
Aquí se plantea la dificultad que todavía hoy existe en integración social y educativa con respecto a una población que determina su propia identidad, su propia cultura, su alternativa de comunicarse, las personas con discapacidad auditiva o conocidas generalmente como personas sordas. La sordera se considera un fenómeno único, en consecuencia las personas sordas son vistas como un colectivo unificado que comparten un mismo problema. Es así que la pérdida auditiva tiene muchas y serias consecuencias que deberían atenderse cuidadosamente. La consecuencia inmediata de la sordera es una interrupción de la comunicación, a un lenguaje oral del que se comunican sus padres y en una sociedad a la que ellos pertenecen; por lo que la función comunicativa ha de ser iniciada o reeducada desde su lengua materna “ El lenguaje de señas” al que ellos tanto defienden y continúan luchando por integrarse a esta sociedad, intentando que respeten su propia persona, su lenguaje, su manera de comunicarse, enfrentándose a las barreras que la comunicación de una comunidad mayoritaria hasta el momento les plantea.
Desde el lugar donde profesionalmente me ubico, iniciar un proceso de integración me significa un gran desafío, un principal respeto por la persona “diferente”, que en este camino no continúe vivenciando situaciones de frustración que ya tanto conocen. Creo que solo cuando podemos enfrentar situaciones difíciles con una actitud positiva, como es trabajar con la diversidad, es cuando podemos desarrollar un pensamiento divergente y creativo, donde a través de un abanico de posibilidades y de herramientas podamos favorecer que su proceso sea correspondido y mirado igual que el resto.
Bibliografía:
· Diccionario Enciclopédico Larousse
· “La integración de niños discapacitados a la educación común” – Danielle Van Steenlant

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