Saturday, July 29, 2006

Profesora: Mónica Almada

Experiencia personal en Integración

Como docente de educación especial (Profesora en educación de oligofrénicos) no tengo experiencia en un trabajo de integración escolar, si realizo integraciones de alumnos integrados en escuelas comunes y me parece que nadie tiene la verdad absoluta sobre este tema, cada sujeto realiza su propia experiencia, camino, pero creo que hay que realizar una evaluación muy exhaustiva sobre cada sujeto a integrar estas prácticas son muy nuevas y aún se están cometiendo muchos errores a pesar de lo que tanto se habla de la transformación educativa, no obstante se sigue exigiendo entre otras cosas la homogeneización en las aulas y creyendo que todos los sujetos aprenden de la misma forma.

Teniendo en cuenta la psicología socio-histórico-cultural de Vigotsky quien rescata los intercambios de significados a partir de la comunicación, que otorga valor a los conocimientos previos que el sujeto construye en la vida cotidiana, que también forman parte de la cultura y concibe al aprendizaje como un proceso de reestructuración conceptual y que el sujeto necesita de los otros y se vale del lenguaje para interactuar; considero de fundamental importancia una adecuada utilización del lenguaje audiovisual que exige llegar de la emociones a las ideas ya que de ese modo se produce un lenguaje de síntesis, el cual le permite al sujeto receptor formar una idea del contenido que se quiere transmitir.
Familia

Para comenzar a hablar de integración tenemos que tener en cuenta como punto de partida a la familia. Es la institución familiar en tanto que primera y fundamental institución educativa que pueden ser palanca impulsora de la inclusión, por ser ella misma integradora en las actitudes y en las prácticas de sus sujetos, o puede ser el primer mecanismo institucional de exclusión.

En los planteamientos integradores, la familia se la debe considerar una institución clave ya que es el “ambiente primero en que el niño se desarrolla, que supone su introducción en el mundo social, el primer paso hacia él.” María Antonia Casanova

Escuela

La escuela actual es en si misma inclusiva y exclusiva.
Inclusiva, porque es vista y pensada para toda la población infantil y juvenil y es exclusiva, en tanto que única como propuesta educativa para toda la población infantil.

Ahora si bien la normativa hace hincapié en la “integración” de los alumnos con necesidades educativas especiales que tienen derecho a una escolarización ordinaria, normalizada; esta normativa no es determinante de la “integración”. Se hace imprescindible que se reconozca ese alumno como sujeto, hablarle y escuchar sus demandas. Hasta el momento se toma al alumno como objeto que es una posición casi natural de la institución escolar. Ésta, a pesar de las diversas y numerosas reformas del sistema educativo, sigue procurando la adaptación de las personas a la homogeneidad en su pensamiento, a la rigidez de sus tiempos.

Acuerdo con la autora Nuria Pérez de Lara cuando dice que la “integración escolar” es un proceso que supone la responsabilidad personal frente a la deficiencia, frente a nuestra propia deficiencia y frente a la institución que las contiene. Y ésta responsabilización apunta fundamentalmente a las personas concretas que trabajan en la escuela, a las personas concretas que con su acción son las únicas que pueden procurar una dinamización de la institución provocando en ella la posibilidad de proceso y de cambio que, paradójicamente, rechaza.

La escuela debería buscar vías de organización del trabajo de clase en las que tales niños pudieran implicarse con sus capacidades, sus modos de aproximación a la realidad y sus vías de comprensión de la experiencia, de tal modo que su implicación en él fuera el resultado vivo de un dialogo común en el que ellos fueran, precisamente un referente entre otros.
La problemática de la programación pedagógica que se diferencia así de la programación educativa. Su tarea consiste fundamentalmente en la articulación de los aspectos polares del acto pedagógico: por un lado, el de la selección de los recursos didácticos y de la graduación de la enseñanza, y por otro el de las estructuras mentales previas las que habilitan al sujeto para acceder a los conocimientos así mediatizados.
Se trataría de crear puentes entre el pensamiento y la acción. Comprometerse con que todos los sujetos aprendan, en el marco de las particularidades que asume en la actualidad el proceso de aprendizaje, entramando en él la problemática de la diversidad cultural. Tomando la diversidad como punto de partida, discriminando entre diferencias que hay que conservar y otras que hay que superar. Las que no pueden clasificarse como mejores ni perores, pero si es necesario analizarlas.

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